Los pájaros cantan, o hablan entre ellos, qué sé yo. Lo que sí sé es que el sol que nace les alivia de la congelada noche que han pasado. Que yo sé que ellos se hinchan cuando duermen y guardan el calor, los he observado desde la ventana de mi habitación. Pero qué calor les puede quedar después de ver cómo las hojas han quedado petrificadas al alba, brillantes como un cristal resquebrajado; sin vida por dentro, pero perfectamente conservadas por fuera. Será con el sol dominante cuando se denote su mortandad.
A los pájaros les corre la sangre y sobreviven, y ahora cantan o hablan aliviados, yo qué sé. Sé que un perro aúlla triste y dócil al fondo, escondido entre la maleza, fuera de mi vista. A él también le da el sol, pero no se nota alegría en la vibración de su tono. Está solo, durmió solo, amanece solo y añora al sol algo de compañía. Quizá no sabe su raza que uno estando solo permanece inalterado de presiones y achaques. Quizá en su instinto no está aún la certeza de que el hombre duele, se aliena contra natura, se tortura y, para aliviar sus asperezas, desahoga sus frustraciones con los demás.
Sin contemplaciones. Seas un hermano, un hijo, un perro o una novia..., no se mira eso. Tan solo que haya confianza para que después de la descarga se siga manteniendo el amor. Porque somos cobardes, no nos atrevemos a luchar contra lo que realmente nos domina, eso no nos ama y lo convertiríamos en nuestro enemigo, nos crearía problemas añadidos. Es más fácil desahogar frustraciones con los seres que tienes asegurados, quizá porque en el fondo saben que lo haces porque sufres y no te atreves a enfrentarte a tu vida, a tu propia dirección. Y se consiente porque también saben que "en el fondo tiene buen corazón", y es que cualquiera, en algún momento, caerá en la misma sin razón.
Esa fuerza del conformismo que te aleja de tu autenticidad. Que tus latidos marcan un camino que no te atreves a luchar porque estás cansado o porque los pájaros ahora sí cantan y esa belleza es suficiente para salir del paso, al menos durante esta tranquila mañana de domingo.
... De hecho, ha pasado un rato desde que escribí estas líneas y los pájaros ya no cantan. Ahora vuelan de aquí para allá realizando sus quehaceres; quizá ya se han quejado de la dureza de la noche helada y vuelven a su propia alienación con su medio, como yo, que ya he escrito suficiente, y ahora tengo que seguir estudiando para mi examen del jueves.

Comentarios
Publicar un comentario