Cruor, de J.L. Nancy

 





ENSAYO SOBRE “CRUOR” 

Jean-Luc Nancy

 

Jean-Luc Nancy escribió Cruor y al poco, abandonó la vida. Dejó una profunda reflexión, compleja y potente, creando un sistema filosófico entramado en todas sus obras, que culmina en Cruor, cerrando una vida y una obra.

Cruor, del latín, significa sangre derramada y coagulada. Sanguis hace referencia a la sangre que fluye en circulación constante. Descripciones puramente biológicas que serán los conceptos sobre los que gire toda la reflexión que encontramos en Cruor. 

Nancy distingue la sangre en dos estados y nos hace ver, en cada uno de ellos, una analogía entre el cuerpo biológico y su relación ontológica con el mundo.

Cruor es símbolo de crudeza y también de crueldad; la crudeza es análogo de cuerpo expuesto, crudo, vulnerable y, al mismo tiempo, en-común, al estar expuesto es constitutivo de relaciones con el mundo.
El cuerpo no es solo extensión, sino interrelación, afectación y exposición a lo otro, es decir, no es solo receptor, sino también agresor. El cuerpo es lo que somos, un conjunto de células que dan forma a carne, huesos y fluidos marcando nuestro espacio en este mundo, así es también el principio de interrelación con el resto de cuerpos, con el resto de cosas.

Sanguis, la sangre que fluye (al contrario de la Cruor), impulsada por un corazón que renueva su flujo constante. Sanguis representa vida y continuidad, circulación, un latido cada vez nuevo, un volver sobre “sí”, un “todavía no ha tenido lugar”, y es que la reflexión de Nancy llega hasta la hermosa idea de que la vida se da vida a sí misma, se impulsa a vivir; la vida recibe su propia pujanza o experimenta su propia pulsión”.

La analogía que nos muestra es que habitamos un mundo en el que todo a nuestro alrededor está orientado, tiene dirección y tiene significado, como en el concepto sanguis. Entonces el mundo, como la sangre que circula por el cuerpo, parecen tener sentido. 

Y esto es lo que busca Nancy en su reflexión, el sentido que ve perdido en este mundo caótico, que se explota hasta que oculta su naturaleza, un mundo que ha puesto más atención a las cosas y objetos de deseo que a la fijación del “sí mismo”. Nancy ve que el ser humano nunca deja de desear cosas y, sin embargo, echa de menos sentirse, ha olvidado fluir.

“Cada uno, cada una, emerge del mismo fondo que todos, y este fondo es solidario de todo lo viviente, que es a su vez solidario del cosmos, de lo que existe y del hecho de que todo eso exista.”  J.L. Nancy

La reflexión viene a decirnos que así como el fluir de la sangre solo puede entenderse por la presencia de la pujanza del corazón que impulsa a ésta, el sujeto ha estado siempre impulsado por “lo otro”, por una alteridad que lo antecede y lo constituye. Y es que rechaza por completo el yo “autosuficiente”, ese que tanto predomina hoy en día, que nos hemos dispuesto a encumbrar. Toda persona es influida por la comunidad con una fuerza que, sin dañarla, supera sus propias capacidades.

Atendiendo a nuestra historia occidental, la religión, el mito, las ideologías políticas, etc, todas han tratado de dotar de sentido al mundo, y es que un mundo sin metafísica es como un mundo sin principios ni valores. Si bien surgieron actos crueles que con las mismas herramientas eran legitimados: como guerras, masacres, explotación y otras formas de violencia. En ese marco conceptual, el sacrificio o la tortura también podrían haber estado justificados. 

Ahora los grandes mitos han caído, Nancy recuerda la muerte del padre en tono freudiano, y nos dice que esto podría traer consigo una generación de odio y una dirección enfocada al fracaso. Nos hayamos en un mundo vaciado de sentido, en el que solo queda la crudeza de los actos.

Pero también quiere ver la otra cara de esa crudeza, y es que no por ser Crudo ha de ser cruel, sino que las cosas a “flor de piel”, con el cuerpo expuesto, sin más, sin metafísica, también tienen un sentido en sí mismo. Por eso su reflexión es una ontología, porque hablar de las cosas de manera cruda y fría permite apreciarlas en su justa medida. Y es que porque un cuerpo esté al desnudo no debe ser por ello vulnerable, la naturaleza expuesta no tiene por qué ser explotable, ni la animalidad con sus instintos ha de ser cruel. Las cosas por sí mismas ya tienen un sentido, su naturaleza está más allá de nuestros prejuicios y los sesgos que se crean en la crueldad.

En Cruor se rechaza el “yo autosuficiente”, se vuelve a la idea del en-común como aquello que configura nuestra existencia. Un cosmos en común, referido a la relación que nos constituye, a la relación con el otro que nos configura y que configuramos a cada instante; a la relación como condición ontológica. Y el lenguaje es la extensión de la corporalidad. El mito y la palabra son pulsiones que, como la sangre, circulan y constituyen un “cosmos” de sentido. Y es que el entrelazamiento de cuerpos hablantes significa que cada uno es empujado a ser origen del otro para poder originarse a sí mismo.

“La palabra es la sangre que circula entre los cuerpos”

Así, Nancy nos fuerza a una mirada crítica y política, a una reflexividad que escapa de categorizaciones, que apunta a ámbitos políticos, éticos y estéticos. 

Pensar el cuerpo y el mundo desde Nancy es un ejercicio político. 

 

 

- Nancy, J.-L.: Cruor. La crueldad y la crudeza. Madrid, Deconatus, 2023

 

Por: Francisco Almansa Ruiz 

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