Abres la puerta de tu casa, la misma calle, el mismo bar, ese café repetitivo, que está bueno, sí, pero se repite una y otra vez, un día tras otro. Atenaza la costumbre. Sensación de libertad al cobrar a primeros de mes, control a mediados, austeridad a finales; en realidad son sensaciones, la calidad de vida es la misma a cualquier altura del año. Atenaza la costumbre. No está muy lejos ese cambio, que no de rutina, sino de sensación. Cambia el bar, sabrá diferente el café, que no mejor. Será diferente el saludo, que no peor. Un aire fresco se abrirá a tu paso y eso ya es un cambio.
Guarda ese libro que siempre tienes en la mesita con un trozo de revista a modo de marca páginas, ya no es su momento. Quizá en otra etapa, ahora guárdalo. Compra otro. Has leído bien, gasta dinero en un libro desconocido. No busques recomendaciones en redes sociales, no busques un top-10. Entra en la librería y gasta un poco de tu tiempo. Habrá diferentes secciones, cientos de títulos que no te dirán nada. Busca una mezcla de sensaciones, pues allí hasta las baldas de los armarios te transmitirán algo. Quizá el librero o la librera sea amable, quizá no; eso es un riesgo que has de correr si pretendes pedir cierto consejo y claro, mostrar a la vez tu gran miedo. Ese que te hace sentir que tú no estás a la altura de semejante lugar. Intimidada ante millones de páginas llenas de palabras que forman la historia de la humanidad, o intimidado. Ese riesgo también es un pequeño cambio hacia nuevas sensaciones. La realidad es que ese lugar está justo a tu altura.
Ya no atenazará tanto la costumbre el día que cambies el sabor de tu café y compres un libro nuevo.

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