SMI






Imagine que en vez de una persona es usted una estatua y que, en su infinita sabiduría, se ha esculpido a sí misma. Se esculpió posando su pie derecho sobre el cuello de otra estatua que se erigió a sí misma, en su infinita sabiduría (íntimamente parecida a la suya), tirada en el suelo porque le era inviable elegir un bloque de mármol erguido. Hay miles de bloques de mármol aún sin tallar en la misma posición que la que usted tiene debajo de la planta de su pie derecho, también hay cientos de ellos levantados. El caso es que de un tiempo a esta parte o, ¿cómo podríamos llamarlo…?, quizá: ¡al fin!, alguien rompió con todo su ser el mármol que lo mantenía estático y usó su libertad para levantar todos esos bloques, los esculpidos y los que aún están por esculpir. Y claro, el espacio se redujo; pero al fin, aunque en sus nacimientos no pudieron elegir, ahora todas estaban en pie, que no debajo de ningún pie. 


Aurea mediocritas


Usted, en su infinita sabiduría, veía injusto perder el apoyo que sostenía su alteza, perdió el equilibrio perfecto que encontró al esculpirse desde su majestuosa roca de mármol erguida hacia el cielo. Semejante injusticia le parecía atroz, ahora cientos de estatuas en su misma situación se verían insultantemente tambaleadas, o incluso las hubo que se hicieron pedazos en el suelo pues pisaban con ambos pies diversos cuellos de estatuas tumbadas; porque claro, ahora sus apoyos estaban a la misma altura de su digna posición y usted, y todos los que se esculpieron como usted, quedasteis obligados a reestructurar vuestra talla, desde vuestra infinita sabiduría, y volver a lograr el equilibrio ahora sin poder pisar sobre el cuello de ninguna otra estatua.
Esto es lo que sienten los empresarios en España cuando se habla de subir el salario mínimo interprofesional a los trabajadores.

Comentarios