No quiero gastar mis palabras como si fuesen limitadas. Y no lo son, pero estoy sugestionado a eso.
Por eso, aunque me ardan por dentro, no escribo fácilmente, por si no mereciera la pena y esas palabras gastadas ya no pudiera volver a usarlas nunca más. Como si mi rol en éste ámbito fuese parecido a ese juego de formar palabritas en el que te dan un puñado de letras individuales y sí son limitadas. En él, si formas una palabra en el tablero esas letras dejan de estar en tu posesión, y si esa palabra era más pequeña que otra posibilidad habida en tu conjunto de letras aún en propiedad, entonces es una forma de perder, además de una sensación de fracaso, de breve intelecto, de déficit de atención. Todas esas cosas parece que siento y por eso no escribo, pero mis palabras son infinitas y mi mente es poderosa, eso lo enseñabas tú.
Y tampoco pudiera perder lectores o lectoras porque no las tengo. Aun con todo eso sigo en la tesitura de no poder escribir por si, algo que no sé qué, sucediese y perdiese, y mi fracaso invadiese mi autoestima, o qué sé yo.
Lo cierto es que hoy estoy profundamente triste. Hoy ha fallecido un hombre que, boli en mano, seguramente en una libreta sucia y desgastada, fue escribiendo las canciones que después cantó para orientar a una generación casi entera, a varias generaciones casi enteras. Y digo casi enteras, porque siempre hubo gente que no supo entender a aquél viejo desastre de palabras profundas, tan verdaderas como sus faldas, tan dañinas y tan reveladoras como la puta vida misma. Y esto sería fácilmente imaginable si no fuese porque, acompañado de sus letras, unas melodías de guitarra eléctrica y otros instrumentos conseguían sacarte el alma del cuerpo y dejarte ahí quietito mientras tu ser volaba en sus conciertos, enlazándose a otras miles de almas que navegaban en un ritmo melódico que bien podría haber escrito el primer amor adolescente del mismo demonio.
Ser eterno es algo que no está al alcance de un ser racional, se necesita una visión capaz de traspasar lo físico para poder plasmar un mensaje en tu vida que sea precisamente eso, trascendente a las almas, y es entonces cuando tu persona se convierte en eterna, pues no es tu físico lo que perdura, sino el mensaje que leíste en el mundo y que transcribiste al lenguaje terrenal para que las demás almas quizá demasiado despistadas, fuesen, por un momento y para siempre, capaces de leer lo que tú viste, Robe.
Descansa en paz.
Gracias por darme luz e inspiración, por demostrar que la rebeldía es la razón de ser más sensata. Y gracias por mandarme a tomar por culo, solo así entendí que cada uno tiene que hacer su puta guerra y luchar por hacer realidad su utopía, mientras van muriendo los hombros que me enseñaron el mundo al que viajaba.

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